lunes, mayo 07, 2007

La dulce conclusión

Llego el día en que ella se sentía más fuerte, y que podía levantarse y respirar sin que las horas se le agolparan encima, ni los agolpados pensamientos de su mente podían rechazar esta oportunidad. Decidió ponerse sus vaqueros y salir a ver si sería un bonito encuentro, el encuentro que ella había imaginado o idealizado, tal vez. Se subió los hombros, se alejó del espejo del ascensor con una sonrisa, y decidió caminar alta y derecha, como si hubiese ganado un partido de tenis al rival más duro. Si ella caminaba lenta, el tiempo iba lento, se consumía poco a poco. Entonces su mejor cara relucía con los últimos rayos de la tarde. La tarde prometida a entregar lo mejor de sí misma. Entonces, cruzaba los semáforos y se sentía libre, miraba los coches aparcados esperando el verde, y les miraba fijamente, sin miedo. Veía las caras de sus ocupantes y les diseñaba una sonrisa dulce pero ingenua. Se contoneaba con los escaparates, mientras participaba en su propia locura. Nunca había caminado así por la calle, y soñando despierta, huidiza, tan, tan bella. Escuchaba la música, recorría todos sus sentidos, y poco a poco sintió qua aquello era el principio de algo, algo bueno. Aquella sensación, la de ver en tu futuro todas las posibilidades escritas para ti, en una misma carta, tu destino mirándote, frente a frente. Una bolsa llena de sorpresas se congestionó y resulto ser la bolsa más llena del universo en esos momentos. los problemas se apartaban de su camino y de sus pies se desparramaban ilusiones por vivir, nuevas aventuras y nuevos retos. Este sentimiento, reconoció ella, es el de la felicidad. En un tumultoso Madrid, la esa sensación de vivir más intensamente que nunca, de ser completamente dueña y señora de su vida.


- Conclusión, dijo en alto

- Esto es la felicidad. Es la felicidad más sensata que he tenido en toda mi vida.



miércoles, mayo 02, 2007

Quién sabe dónde se perdió mi pendiente...

Llegué a casa tras un duro viaje de seis horas, seis horas de larga y amena conversación tras los paisajes que llenaban con música diferentes caminos. Mi esperanza de llegar a casa cada vez era más temida, el viaje no quería que acabara porque llegaría a mi realidad de nuevo. Mi casa, mi entorno, mis libros en la mesa ocupando mis ratos. La maleta sorprendida de que la usaran también quiso desaparecer de mi vista pronto. Su lugar preferido, el rincón de las maletas, algunas viejas y olvidadas, esperando a que las usen pronto para un nuevo viaje. para contarse unas a otras el tiempo y las historias, reunidas de nuevo dejé la mía a esperas de un nuevo viaje. Nos despedimos con ojos tristes y cansados. Qué ganas de volver a partir! Esperar nuevas oportunidades de perderme es lo que me queda. La noche se hizo larga, cuando desperté de este sueño mi pendiente se había perdido. ¿dónde estará?. Al menos disfrutará el solo de nuevas aventuras sin estar amarrado a mi...